martes, 3 de julio de 2007

La Honradez

Cicerón decía que “la honradez es siempre digna de elogio, aún cuando no reporte utilidad, ni recompensa, ni provecho”. Su definición, rescata por un lado el reconocimiento social que este valor provoca, pero asimismo, la baja recompensa material que esta tiene. La honradez, es uno de aquellos valores que exige del ser humano, una consecuencia entre lo que se dice y lo que se hace, exige una armonía entre los hechos y las palabras. La honradez no la ganamos con el hecho de “decir que somos honrados”, sino cuando mis iguales reconocen en mis actos de rectitud, seriedad y consecuencia, que soy digno de tener una “identidad social de persona honrada”. Sin embargo, la consecuencia de nuestros actos de honradez no debe asomar solo cuando somos observados por otras personas, la honradez se desarrolla pública y privadamente, siendo este último ámbito, el más difícil de practicar.

En nuestra vida en sociedad, este valor aparece recurrentemente y siempre nos vemos enfrentados a los desafíos de actuar en consecuencia con dicho valor. El objetivo de transformarnos en hombres que contribuyan a mejorar la sociedad, demanda que la honradez sea uno de los valores esenciales que debamos ejercer en nuestra vida en sociedad.

¿Pero cuando nos reconocemos como honrados?

Nos reconocemos básicamente por nuestras prácticas y actitudes, y cuando los otros me reconocen como tal. Seremos honrados, si nuestros actos son consecuentes con lo que decimos y nos comprometemos.
Sin embargo, ser honrado no es atributo que se adquiera solo por declararlo, no es algo mágico que aparezca solo con desearlo, por el contrario, será parte de nosotros en la menar que lo practiquemos y hagamos parte de nosotros.
Este aprendizaje se perfecciona en la interacción con otros ciudadanos. La honradez permanecerá como un valor esencial, solo si estamos dispuestos a practicarla y difundirla, pero no solo en la teoría, sino en la práctica diaria. Seguramente hay más de un consejo para practicar la honradez, pero más que la forma, ocupémonos de los aspectos de fondo. La honradez solo será el resultado de nuestro propio esfuerzo y de la consecuencia que coloquemos en nuestros actos. Seremos honrados cuando no busquemos apropiarnos de logros ajenos, cuando no robemos, engañemos y mintamos. Cuando actuemos en conciencia y de acuerdo a nuestros principios éticos. No es fácil cultivar todos estos valores en un mundo con tantas tentaciones y estímulo como el que estamos viviendo, pero al menos comencemos por mejorar nuestro espacio.

Fuente: Marcelo Duarte.